Carlos

La vocación es un regalo para cada uno...

Mi nombre es Carlos y estoy cursando el último año de estudios. Después de doce años puedo asegurar que Dios no se equivoca, que si nos llama a cada uno a una vocación concreta es porque nos quiere felices, por eso me atrevo a compartir en estas líneas mi humilde testimonio.

Para comenzar, nos tenemos que situar en mi familia y en mi parroquia, Ntra. Sra. de la Paz de Villena. Pues, cuando era pequeño iba allí con mi madre a Misa, no porque tuviera yo gran devoción; sino, porque era mejor la opción de ir a molestar a la iglesia que la de quedarme en casa en el sofá. Después de celebrar mi primera comunión, mi cura me invitó a ser monaguillo, y, vi la oportunidad perfecta para moverme por la parroquia sin que nadie me riñese.

Pasado el tiempo, vino a mi parroquia un cura, acompañado de un seminarista, porque mi párroco se encontraba de viaje. Me preguntaron si me había planteado, alguna vez, ser sacerdote. Para responder sin dar una afirmación clara, les dije: "Va, eso es lo que Dios quiera". Y, ahí se quedó rondando la cuestión en mi cabeza y en mi corazón.

Al poco tiempo, fui al Seminario a una convivencia de monaguillos, y, descubrí que aquel era el lugar donde poder responder a mi pregunta. Y, empecé a ir al Seminario cada quince días para conocer la vida de los seminaristas, lo que conocemos como el Seminario en Familia.

Al curso siguiente, comencé primero de la ESO, junto a otros seis compañeros. No tenía claro si iba a ser sacerdote, pero sí que aquel era el lugar donde descubrirlo.

Podría contarte aquí curso por curso, pero sería demasiado aburrido. Todo este tiempo lo podría resumir en que el Seminario es un lugar para encontrarse con Dios, de enamorarse de la Iglesia y de disfrutar de cada momento con intensidad, aunque no siempre ha sido fácil el camino.

Permíteme compartir contigo una experiencia que me ha marcado mucho, y, donde he visto claro que Dios me quiera para los demás. Y, fue en cuarto de la ESO cuando me detectaron una enfermedad en la sangre, y este momento fue oportunidad para pensar y rezar mucho; para valorar muchas cosas, y sobre todo descubrir que mi vida es para servir.

Además, en este camino me acompañan muchos sacerdotes; todos los formadores que he tenido en el seminario, todos los curas que han pasado por mi parroquia, sacerdotes amigos... Todos ellos de alguna manera han sido ejemplo para mi. El regalo de sus vidas me hace descubrir el gran don que es la mía.

Muchos han sido los pasos que he ido dando en mi historia vocacional, como el paso al Seminario Mayor donde vi claramente que era momento de tomarse las cosas en serio y de seguir los pasos de Jesús más intensamente. El salto al Teologado de Alicante y el poder servir ya en las parroquias de San Nicolás de Alicante y de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig, así como en diferentes propuestas diocesanas especialmente relacionadas con la juventud. Además de todo esto en los últimos año ya he dado algún paso hacia el sacerdocio, como ha sido la Admisión a Órdenes y el ministerio de lector.

Muchos son los momentos vividos en el Seminario, no todos son fáciles pero el saber que Dios nos quiere felices, nos hace seguir hacia adelante, ver el ejemplo de Cristo nos lanza a servir a los demás.

Porque en definitiva, la vocación es un regalo para cada uno. ¿Tú estás dispuesto a descubrir el tuyo?

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