David Martínez

¿Quién puede ser cura?


-Pues alguien que reza mucho, que quiere ser bueno. Que le gusta ir a misa. Que no se quiere complicar en tener familia. Que busca un trabajo fijo.

¿ respuesta Correcta?

Uhm...creo que no.

La respuesta es más simple. Un hombre, que sienta la llamada de Dios hacia el sacerdocio.

Puede ser que seas un apasionado de la música, el cine o cocinar como yo. O quizás a ti te gusta leer novelas de ficción, y salir de tapeo.

Puede ser que vayas todos los domingos a misa como cuando a mi me sucedió. O que aún no conozcas quién es Jesús, y por qué es importante para ti. Y por el ejemplo de una persona, un acontecimiento, te haga conocerle, y en ese u otro momento despertar en ti esa llamada.

Puedes ser hijo de familia numerosa, o hijo único. Da igual las circunstancias, si el Señor quiere, te llama.

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¿Llamada de qué?¿Teléfono, meet, directo en twitch?

La llamada es algo único. Indescriptible.

-David, así no ayudas. Venga, dime cómo.

Bueno, yo te digo como me pasó a mí.

En mi caso fue muy pequeño, con 9 años. Pero quizás te llame con 16, 25 o 53 incluso. Desde que nací había recibido una educación católica, y comenzaba a conocer al Señor. Fue entonces, cuando por medio de un sacerdote que vino nuevo a mi pueblo (Villena), él Señor tocó mi corazón.

Al venir nuevo tenía curiosidad de conocerle. Y al poco tiempo empecé a salir de monaguillo. Como he dicho era pequeño, y aún habían muchas cosas que no entendía de la misa y la Fe, pero ahora me doy cuenta que cuando eres pequeño estás más abierto a las cosas grandes, aunque no lo entiendas tan bien desde la mente, sientes el misterio de Dios de una manera especial (seguramente, porque aún somos inocentes, y no tenemos ninguna maldad). Fue entonces, viendo el modo de celebrar la misa de este sacerdote, que me hizo caer en la cuenta de que ahí estaba sucediendo algo, que era muy diferente al resto de cosas del día a día.

Además, cuando trataba a los ancianos de una residencia de mi pueblo, veía un cariño especial en sus ojos, casi como si los ancianos fueran familiares suyos. Y siempre desbordaba alegría.

Y así conocí al Señor. Hablaba con él a través de la oración, rezando con mis hermanos un poco la Biblia de niños por la noche, lo conocí un poco más en el colegio.

Entonces recibí la primera comunión, y fue un momento increíble. De los regalos solo me acuerdo de una bici que me regalaron y una cruz, pero lo que más recuerdo de aquél día, fue cuando recibí al Señor por vez primera. Madre mía qué ganas tenía. Pensar que el Señor, con quien estaba mi abuelo estaba conmigo... Fue y es increíble!!!

Este sacerdote me regaló poco después un libro de un tal "Cura de Ars". Y entonces...

¡¡bamm!!

Vi muy claramente que el Señor quería que yo fuese como ese cura de Ars.

Un hombre dispuesto a pasar horas en el confesionario, desgastando todo su tiempo para ayudar y servir a los demás. Para que Jesús entrase en ellos, y les cambiara el corazón. En aquél momento veía 2 cosas que llamaban mi atención:


  • El cura de Ars era feliz, alegre, hombre apasionado por lo que hacía.

  • Hacía feliz a los demás. Y sobretodo llevaba a las personas a que se encontraran con Jesús. Ese que tanto bien le hacía a él, y me estaba haciendo a mí.

Demasiado bonito

-Ok. Vale. Pero eras muy pequeño. Nunca te has preguntado si el Señor te llamaba a hacer felices a otras personas en una ONG, casado con mujer e hijos. O quizás sirviendo en Cáritas y ayudando a esa gente a encontrarse con el Señor?

Así es. Era pequeño y después llegó la adolescencia, ese regalazo de tiempo que nos da el Señor en el que todo cambia de la noche a la mañana.

Cuando fui adolescente me pregunté si el Señor me estaba llamando a esto, o si me había equivocado. Me imaginaba como médico ayudando a los pacientes, como profesor enseñando (y aguantando) a los alumnos, e incluso como músico a lo Jaime Altozano.

Si os dáis cuenta, todas esas profesiones tienen algo en común: que tienen algo importante para dar a los demás. Los conocimientos y el cuidado de los médicos y los profesores. O uno de los grandes tesoros de la naturaleza que nos da Dios, que es el Arte.

Ahora con 23 años al menos soy consciente, de que esas profesiones me gustan por lo buenas que son, y porque eran similares al regalo que Dios había preparado para mi. En el caso del sacerdocio, ese algo importante para dar a los demás, es lo más grande que hay, Jesús y su palabra, que cuando le dejas entrar cambia la vida por completo.

¿Entonces no hay boda no?

Jajajajajajaja.

El matrimonio es un gran regalo que Dios tiene preparado para muchos. Es genial formar una familia y amar a Dios amando a tu esposo/a. Aunque para mí tenía otro, el de ser apóstol de Cristo en el mundo.

-¿Pero nunca has querido tener hijos?

-Haber, ¿En qué quedamos, si quieres formar una familia...?

Yo soy muy familiar. Y nos queremos muchísimo en la familia.

Y Sí, me habría encantado formar una familia. Hasta hace poco no entendía, cómo este deseo de ser Padre era compatible con la vocación al sacerdocio. Hasta que San José me ayudó a entenderlo.

Partiendo de que es normal, y lógico que un sacerdote, es también hombre, y puede sentirse atraído por el proyecto de formar una familia. Veía, que en concreto, esta tendencia tan marcada que tengo de Padre, tenía un por qué:

El sacerdote tiene que ser reflejo de Dios en el mundo. Y eso pasa por ser un Padre bueno, como nuestro padre Dios. Que esté atento a sus hijos. Igual que hace el padre con su niño en la cuna. Que Dios Padre por medio de él cree un ambiente acogedor, del calor del hogar de familia, en su parroquia, colegio, o donde le envíe el obispo.

ESO ES LO QUE QUIERO. Y le pido a Dios la gracia y fortaleza para poder servirle a él y a las personas que me encomiende, así. Jesucristo nos ama con locura, tanto, tanto, que dió su vida por nosotros. Y siempre nos hace la vista gorda, no está pendiente de en qué fallamos, sino que ve nuestras buenas obras, y quiere todo lo mejor para nosotros.


Con mi hermano el peque

¿¿Y la pandemia??¿¿La enfermedad??

-Vale. Pero y si no todo va tan bien. Si resulta que estamos en una pandemia que está provocando muchas heridas en las familias. ¿¡Donde está Dios!?

No es nada sencillo encontrar palabras para confortar a quien sufre la pérdida de un ser querido, o quien está padeciendo las secuelas del Covid-19.

Pero el dolor y el sufrimiento existen. Están ahí. Sin embargo, el Señor es capaz de sacar de lo malo lo bueno.

Yo os puedo decir desde mi experiencia, que he sido intervenido en 3 ocasiones, limitándome una enfermedad durante 3 cursos de mis Estudios Eclesiásticos. Si os dijera que todo ha sido maravilloso, os mentiría. Pero muchas veces, no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos.

Te das cuenta del gran regalo que te da Dios cada día. Poder caminar, jugar a pádel, estar con los amigos, tocar la guitarra, poder recibirle a Cristo en la eucaristía, el país donde vives, y la comida que te sustenta cada día. Y empiezas a valorar los gestos de los que te quieren, te cuidan, das gracias a Dios, por poder estudiar, por el puro milagro de existir, porque fuiste tú ese espermatozoide que ovuló y no otros, porque Dios te eligió para la VIDA.

Y porque a pesar de que somos muyyyyy limitados. El Señor te elige para algo muy grande. Ya sea el sacerdocio, matrimonio, ofrecer tu vida por él como consagrad@, misionero...

Descubre cuál es el regalo que tiene Dios para ti

Tomando unas pizzas durante uno de los ingresos

¿Por qué no sacerdote?