JUAN ROQUE

"te he llamado por tu nombre, tú eres mío"

(Isaías 43, 1)

La historia de Dios en mi vida no destaca por grandes acontecimientos ni por sus efectos especiales.

Tan solo se trata del regalo de sentirme amado y llamado por un Dios que me quiere vivo y feliz.

-EL PODER DE LA ALEGRÍA-

Hola! no se bien quién eres, ni dónde vives, ni cuántos años tienes; pero, desde luego sí sé algo seguro: Dios te llama a sonreír. Así lo sentí yo y así te lo voy a contar. ¡Prepárate!

A mí, Dios, me conquistó por la alegría. Así es. Cuando comencé a sentir mi posible llamada yo era un niño, apenas alcanzaba los 10 años. Evidentemente, como niño que era, Dios no iba a llamarme con grandes discursos, oraciones, experiencias... ¡Qué va! Dios me llamó a través de lo que más le gusta a un niño: LA ALEGRÍA. Podríamos decir que Dios conmigo fue un gran maestro.

La verdad es que quien sirve a Dios y lo hace de corazón suele hacerlo con una sonrisa, y esa sonrisa engancha. ¡Que me lo digan a mí! Desde bien pequeño he participado en un montón de convivencias y campamentos del Seminario y... ¡Madre mía el festival de sonrisas que se montaba!

De la alegría que te hablo no es de la alegría del que come, bebe, duerme y se queda a gusto ¡Ni mucho menos! Esa es una sonrisa de fachada, se les nota. Yo hablo de la alegría del que está enamorado de verdad, del que está enamorado de Jesús ¡Ese tío engancha! Cuando me encontraba con gente así sentía envidia. Y yo no es que mi vida fuera un alma en pena, triste y amargada ¡para nada! Pero, mi alegría no era tan alegría como la que veía que tenían ellos. Yo quería esa y no otra, me tenía cautivado.

No tuve más remedio que ponerme manos a la obra y me propuse encontrar al causante de tanta sonrisa en jóvenes de mi edad, con los mimos gustos, aspecto semejante e inquietos. Ya te adelanto que... ¡no fue fácil! Cuando uno es niño se imagina cualquier cosa. Me llevó años y muchas conversaciones con sacerdotes descubrir ese motivo, EL MOTIVO y... ¡Vaya si lo encontré! ¡Qué porrazo me di! ¡Que ahora me ha dado por ser cura!

Ese encuentro del que te hablo tuvo lugar en el campamento del 2012, tenía 12 años. Lamentablemente, los años no pasan en balde y sin darme cuenta me había convertido en uno de los veteranos de aquel lugar. Ese año venía de casa decidido a decidirme, en mi cabeza resonaba: Juan Roque ¿apostamos enserio o nos conformamos con lo que tenemos? y bueno... por las consecuencias deducir lo que pasó.

Hoy te escribo esto después de nueve años. He de reconocer que la alegría no siempre es tan intensa como en el principio, pero ¡oye! ¡siempre está, eh! Intento, día a día, que mi sonrisa sea de verdad, de la que contagia y hable de Jesús. La alegría también habla de Dios. Fíjate en ejemplos del Evangelio: El Resucitado, el ángel Gabriel... lo primero que dicen es: "¡Alégrate!". Intento que éste sea el lema de mi vida. ¡Quién sabe si mi sonrisa puede provocar otras! ¡La alegría de Dios es desbordante y da para mucho! Te invito a que sonrías todo lo que puedas, nunca sabes quien puede estar mirando.


Por aquí te dejo otras vidas donde la alegría ha jugado un papel importante y que a mí me han marcado.

¡La alegría de Dios cambia los corazones! ¡Sonríe tú también!