Miguel Ángel

Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis corderos». Jn 21, 15

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¡Muy Buenas! Soy Miguel Ángel, un enfermero cristiano que entró en el seminario a sus 24 años.

· "Hace mucho tiempo..." Niño, monaguillo, creyente

Nací en Callosa de Segura dentro de una familia cristiana. Para mí, ir a misa los domingos y rezar todas las noches era lo normal. Es lo que he vivido desde que nací. Recuerdo con mucho cariño las visitas a la parroquia de San José para la misa con mi abuela todas las tardes.


Muy pronto, tan pronto como tuve la oportunidad, empecé a hacer de monaguillo allí en San José porque sentí que era, simplemente, lo que tocaba. Fue en ese ambiente donde fue naciendo mi relación con Dios. Por entender no entendía nada de lo que pasaba en misa pero sabía que ahí, de algún modo, estaba Dios.


A lo largo de mi infancia, gracias a la catequesis y a lo que me fueron enseñando mi familia, entendí que Dios y la fe no era una cosa poco importante ni complementaria. Quiero decir… Si existe un Ser Creador del universo y todopoderoso y que decide quien va al cielo y quién al infierno ¿No será Él la cosa más importante que existe?

· "Cruzando el umbral" Experimentar el amor de dios

Con todo era un pecador. Todos lo somos, pero eso no me excusaba. Y mi pecado me hacía relacionarme con Dios desde una cierta distancia. Él era Dios y yo era yo, le dedicaba oraciones y culto pero ya está. Cordialidad. Todo eso cambió en el 2009.


Yo tenía catorce años y era año jubilar en Callosa por el VI centenario de la aparición de San Roque. Yo “participé” en una peregrinación desde Rafal a Callosa y en la misa, a la llegada a la ermita, vi que había curas confesando y decidí confesarme. Y esa confesión espontánea fue la primera vez que yo entendí la maldad de mi pecado y el daño que me hacía y hacía a mi relación con Dios.


Recuerdo las palabras del sacerdote al terminar de recitar mi larga lista de pecados. “Fíjate cuánto te ama Dios que, con todo, te perdona.” Y ya está. El amor de Dios, y Dios mismo, dejó de ser en ese momento algo de lo que hablaban en catequesis para ser alguien. Y alguien que me amaba lo suficiente para perdonarme aún cuando lo había traicionado e ignorado tantas veces.


Volví con el corazón lleno de agradecimiento a la misa y en el momento de la consagración, arrodillado ante el Santísimo, que le amaría por siempre. Y en ese momento sentí su mirada, su atención plena, noté como me nombraba, me prometía no dejarme y me decía que tenía un sueño para mí.

· "Viajando en solitario" Cristianismo desde mí

Desde entonces dejé de ver a Dios como “Aquel que me creó” para buscarlo como “Aquel que me ama”. Él empezó a ocupar todos mis pensamientos y lo buscaba con ansias. El mundo se redimensionó y Dios empezó a ser el motor que lo movía todo. Pero se me olvidó hacer algo tan sencillo como preguntar “Oye, Señor… ¿Cuál es ese sueño del que me hablas? ¿Qué quieres exactamente de mí?”


Pensé que, no se, Él me lo contaría en algún momento. Hasta entonces me tocaba prepararme para cuando llegara. Y así pasaron los años y mis planes siguieron adelante, con el cambio de que dar gloria a Dios, como mejor yo supiera, se volvió mi principal prioridad.


Así, al confirmarme, me involucré en la vida parroquial de Callosa. Colaboraba con todo lo que podía, en especial con la catequesis de confirmación. En las chicas buscaba una compañera para fundar un proyecto de familia. Incluso dejé de querer ser médico por que fuera guay para pensar, sobre todo, en el bien que haría.


Pero al mirar atrás me doy cuenta de que no fue una verdadera transformación sino una “cristianización” de mis planes. Yo ya quería ayudar en la parroquia, ya quería casarme, ya quería ser médico. Dios se había en lo más valioso de mi vida, pero mi vida seguía siendo mía. No tuve el coraje de preguntarle “¿Qué quieres de mí?” porque… ¿Y si me decía algo que no quería escuchar?

· "Descenso a los infiernos" La crisis

Pasaron los años, no logré entrar en medicina y Dios me regaló la enfermería. Dios iba sacando adelante sus planes en medio de mis fracasos y yo me congratulaba por ello, pero no me movió ni una sola vez a la reflexión porque soy un poco cabezota.


Hice mi vida, perseguí la gloria de Dios con mis planes. Y fracasaba. Dios me corregía una y otra vez y me conducía hacia Él cuando mis planes me alejaban incluso cuando pensaba que le acercarían a mí. Y, a la larga, me sentía frustrado. Amado, pero frustrado.


Mi frustración me llevó a una crisis interior a mis 22 años. Dios me había rodeado de su amor, expresado en mil realidades distintas, pero mis planes, mi proyecto que puse delante de “Aquel que me ama”, no solo no progresaba sino que fracasaba dolorosamente. Pensando que estaba abrazando al Señor cuando le estaba echando un pulso y pensaba que Él me echaba un pulso cuando me estaba abrazando.

· "Resurrección" <<¿Qué quieres de mí?>>

“«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?» «Sí, Señor, tú sabes que te quiero» «Apacienta mis corderos»”


Lo recuerdo como si fuera ayer. Era una noche de marzo y estaba, delante de mí, el Señor sacramentado en la concatedral de San Nicolas. Y ese pasaje vino a mis manos. Yo estaba en lo más profundo de mi crisis personal, buscando en Dios que curara mis heridas y me ayudara a afianzarme para soportar e insistir, a tiempo y destiempo, en lo que quería creer que era su voluntad. Pero esa noche me dió algo y decidí preguntarle, más como un reproche que una pregunta de verdad, que si lo que me proponía fallaba... qué era lo que quería de mí.


Y Dios me dice eso… Me dije a mi mismo que ya lo entendería, pero en el fondo lo entendí. Pero era lo contrario a lo que quería escuchar.


Pasaron los meses, llegó Julio. Se organizó desde la Acción Católica, a nivel de toda España, un Camino de Santiago y la diócesis, y yo con ella, se unió. Mi intención era dar carpetazo a la crisis y curar heridas. Y ni siquiera empezó el camino, que estábamos haciendo una parada del autobús para comer, que eché mi mano y encontré el mismo papelito.


“«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?» «Sí, Señor, tú sabes que te quiero» «Apacienta mis corderos»”


Ya no podía hacerme el sordo. Dios y yo teníamos unas cuantas cosas de qué hablar.

· "Victoria" El cristianismo desde él

Durante todo ese camino me dediqué a dialogar con Dios. Le expresé mis miedos, mis deseos y, si soy honesto, todas las excusas habidas y por haber para que me dispensara de la vocación que me planteaba. Él se limitó a decirme que ya sabía lo que me proponía y que, hiciera lo que hiciera, me amaría y acompañaría. Él no iba a dejar de ser “Aquel que me ama”.


¿Por qué entonces decidí decirle que sí? Porque también dialogué en ese camino conmigo mismo. Y así fue como me dí cuenta de que en mí mismo había un conflicto. Por un lado no quería renunciar a mis planes, a mi vida, a ser el protagonista de mi historia. Pero por el otro sentía que esa vida de la que quería hacerme dueño no tenía mayor sentido que el de entregarla por completo a “Aquél que me ama”.


Volví del camino aún sin la vocación clara, pero con la convicción de convertir a Dios de “Aquél que me ama” a “Aquel a quien amo". Y durante esos dos años que estuve antes de entrar al seminario me dediqué a ello. A hacerlo a Él el protagonista de esta historia. Primeramente porque se lo merece, pero también porque confío en que Él, desde lo que Él me propone, es la única fuente posible de mi felicidad.


Cuando puse a Dios en el centro, cuando empecé a vivir para Él y no solo con Él, empecé a descubrirme a mí mismo. Quién era realmente y no quién me creía o quién quería ser. Y también empecé a vislumbrar la grandeza del sueño que Dios parecía proponerme.


El Señor me ha ido mostrando el sacerdocio como aquel que hace presente el amor de Cristo, que nos ama hasta el extremo, en medio del mundo porque ama como Cristo y con Cristo.


Y si soy sincero… Yo aún no me veo amando como Cristo me ama. Pero confío en quien me ha llamado. Porque aunque no me veo capaz, no puedo ni plantearme en renunciar. No puedo olvidar su llamada. Cada vez que lo hago escucho su voz preguntándome “¿Me amas?”

· "TL;DR" Atrévete a Preguntar

Vale… A lo mejor me he explayado un poco…


Quedaros con esto. No tengáis miedo de preguntarle a Dios que quiere de vosotros. Se que es difícil, porque implica arriesgarse a que te diga aquello que no quieres escuchar. Que te proponga que renuncies a aquello que no quieres dejar. Pero… ¿Dónde podrás encontrar mayor felicidad que en aquello que quien te ama más que nadie (Incluido tú) y te conoce mejor que nadie (Incluido tú) te propone?


¿Cómo puedes preguntar? Aquí en esta web hay decenas de testimonios de jóvenes que han venido al seminario no buscando el sacerdocio sino respuestas. Que fueron más listos que yo y cuando el Señor les dijo “Sueño con algo para ti” dejaron sus planes y vinieron aquí a preguntarle “¿Qué sueñas para mí, Señor?”


Escucha lo que tienen que decirte, no seas tonto como yo.

Esta canción, aunque no sale en la historia, resultó muy importante en uno de los momentos clave de la historia de mi vocación. Os la comparto también.