Ángelo

· ¿QUIEN SOY?👦🏻

Hola! Me llamo Ángelo, tengo 17 años y soy de Novelda. Llevo 4 años en el seminario y todo empezó en aquel fantástico campamento de monaguillos...

· mi andanza como monaguillo 👍

Yo empecé de monaguillo en un pueblo de Granada cuando tenía 8 años, con un sacerdote que es monje, se llama Don Ignacio y es muy majo, mi abuela un día me dijo en misa que por qué no le ayudaba de acolito, y yo le pregunté: ¿Acolito? y ella me dijo que es el que le ayuda al sacerdote, entonces yo dije que vale. Así que fui a sacristía con mi abuela y Don Ignacio muy alegre me dijo que sí. Me gustó mucho que hasta se lo dije a un amigo que viniese conmigo a misa para ayudarle al sacerdote.

Me mudé a Novelda tiempo después e iba a misa pero esta vez, iba sin acolitar. Mi abuela me preguntaba que por qué no iba a sacristía a preguntar si podía acolitar pero yo no quería porque era muy tímido. Mi abuela me dio ese pequeño empujoncito que necesitaba para ir a sacristía, y fui después de misa. Me encontré con dos sacerdotes, Don Francisco Rayos y Don Pedro Idelfonso, dos sacerdotes con un carisma y una alegría impresionante. Les pregunté si podía acolitar y me dijeron que sí y me trataron muy bien. Al día siguiente fui a misa a acolitar.

· campamento de la carrasqueta 🥵⛰🏕⛰

Todo empezó aquel 17 de julio de 2017 cuando me fui a la Carrasqueta para ir al campamento que habían organizado los seminaristas. Fue una semana genial y estupenda, donde nunca faltaron las risas y las sorpresas que nos preparaban los seminaristas. Me sentía muy especial, pues los seminaristas nos trataban muy bien y siempre estaban atentos a ti. A lo largo del campamento me surgía una pregunta que iba a cambiar mi rumbo, la pregunta era: ¿Por qué siempre están alegres y nos tratan tan bien? Eran chicos muy amables así que yo quería ser como ellos. Tímidamente le pregunté a uno de ellos como podía ser que estuviesen siempre alegres y contagiasen esa alegría, él me respondió: es porque sigo a Cristo, y cuando yo no tengo fuerzas o me siento triste, me sujeto a él. Lo que me dijo ese seminarista me costó entenderlo en ese momento pero con el paso de los días, fui empezándolo a entender. Tuve dos fugaces preguntas que pasaron en mi mente un jueves por la tarde, cuando tuvimos exposición, las preguntas eran: y tú, ¿por qué no puedes ser como uno de ellos?, y la segunda, ¿qué quiere Dios de ti? Pero fue tan corto el pensamiento y tanta fue la inquietud que tuve que, al finalizar la exposición, me quede un rato más en la capilla preguntándome esas dos preguntas, en especial la segunda pero decidí mantenerlo en secreto hasta que decidí el viernes por la noche hablar con el rector del seminario y me dijo esas dos preguntas eran muy importantes, es especial la segunda y me dijo que el seminario era ( y es) el mejor sitio para descubrir esas preguntas, entonces con un poco de timidez le dije que si podía entrar, el me dijo que sí pero eso tenía que hablarlo con mis padres, así que le pedí que me ayudase a decírselo a mis padres el domingo. Llegó el domingo y el rector se lo dijo a mis padres. Mi padre se lo tomó bien porque él sabía que estaría en buenas manos, mi madre tenía ese pensamiento también pero no le gustaba mucho porque eso conllevaba que yo me tenía que ir de casa y vivir en el seminario pero conforme pasaba el verano, ella lo fue entendiendo.

· UN VERANO DE NERVIOS 😅😅

Después de que lo supieran mis padres, se lo comenté a mi párroco, Don Francisco Rayos, y llenó de alegría. Él me fue guiando el verano antes de yo entrar al seminario. Ese verano estaba yo muy nervioso, pues ya tenía una idea del seminario pero en ese momento no sabía como me iba a sentir con el día a día. A veces me entraba el miedo porque me `iba a ir de casa´ y pues como bien dice el dicho, como en casa, en ningún sitio, pero la verdad es que te adaptas muy bien, la primera semana si que recuerdo que me costaba un poco pero los seminaristas más veteranos te ayudaban a que te costase mucho, aparte de que el personal que trabaja aquí te trata muy bien.

· 4 años en el seminario 🤪🤪

Llevo 4 años en el seminario, y la verdad es que no me arrepiento. Es verdad que a veces cuesta seguir el ritmo pero con ayuda de tus compañeros lo llevas bien. Te tratan muy bien, el personal del seminario es muy amable y los sacerdotes te guían por el camino correcto y te ayudan a discernir que es lo que Dios quiere de ti.